TÁBOR Y LOS HUSITAS

Quizás no haya una ciudad en Chequia más misteriosa e inquietante que Tábor, cuya vistosa apariencia monumental , cuajada de edificios renacentistas profusamente decorados, esconde un sobrecogedor laberinto subterráneo de túneles y bodegas interconectadas. 

Autor: Javier Mazorra

Fecha: 13 de noviembre de 2017

Canales: Viaja

Ubicación: Ver en Google Maps

Situada a 90km al sur de Praga, en lo alto de una colina solitaria a orillas de rio Lužnice, su historia está ligada a los enigmáticos Husitas que la fundaron en 1420. Los líderes de esta secta religiosa creyeron ver en este emblemático lugar aquel Monte Tábor donde, según el Evangelio, tuvo lugar la Transfiguración de Jesús. Allí crearon una sociedad que pretendía ser perfecta, en la que no existía la propiedad privada y se rechazaba cualquier jerarquía religiosa. El experimento como tal no tardó en ser violentamente disuelto pero durante más de treinta años esta población del sur de Bohemia se convertiría en el emblema e inspiración de esta revolución, tanto religiosa, como política y social que aún pervive de alguna forma en muchos rincones de Chequia.

Todavía hoy en día no se puede dar un paso por el casco histórico  de Tabor sin encontrarse alguna huella de aquel movimiento.  En la misma Žižkovo náměstí  que funciona como plaza Mayor,  aparece el monumento dedicado a Jan Žižka, el gran líder militar de los husitas. Y justo detrás, llama la atención el esbelto campanario de  la Iglesia de la Transfiguración del Señor en el monte Tábor,  que aunque fue restaurada a finales del S.XIX  conserva muchos elementos originales de cuando se construyó entre 1440 y 1512.  Desde su mirador se contempla una vista extraordinario de toda la ciudad.

Al otro lado de la plaza se encuentra también el Stará Radnice  o Ayuntamiento viejo, otro edificio construido a mediados del S.XV. En su interior destaca una Sala del Concejo de estilo gótico que  alberga el  Museo de la revolución husita pero también la principal entrada a esa fascinante ciudad subterránea de Tábor, cuajada de sorpresas.

¿Pero quienes eran en realidad los husitas?  Sin duda de todas las herejías y revueltas sociales del S.XV fue sin duda la que más lejos llegó y la que mejor se sostuvo en el tiempo. Para entender este movimiento hay que descubrir primero la personalidad de su fundador Jan Hus, uno de los precursores del protestantismo pero sobre todo una figura tremendamente carismática que luchó desde el pulpito no sólo contra las corruptelas de la Iglesia oficial pero también para afianzar la cultura checa frente al omnipresente poder germánico. Terminaría quemado en una hoguera durante el Concilio de Constanza en 1415 pero no tardaría en convertirse en un símbolo para el pueblo checo.

No es ninguna casualidad que un monumento dedicado a su memoria presida Staroměstské náměstí, la Plaza de la Ciudad Vieja de Praga. Fue erigido en 1915  para recordar su martirio, apenas unos años antes de la proclamación de la República Checoslovaca. Un estado que fomentaría la Církev československá husitská, una nueva iglesia presidida por un patriarca que se autodenominó neohusita y que aglutina elementos tanto católicos, como ortodoxos y luteranos, todo ello  empapado de unas señas de identidad profundamente checas.   

Aunque todavía hay muchas iglesias neohusitas por toda la República Checa sus fieles en la actualidad no llegan a los doscientos mil, concentrándose una parte importante en Tábor.

Pero el interés de la segunda ciudad por número de población de Bohemia del Sur va más allá de su conexión con los husitas. Su patrimonio monumental es apabullante. Conserva una parte importante de sus defensas medievales destacando la torre cilíndrica del castillo de Kotnov que durante el mes de septiembre se transforma en uno de los principales escenarios del festival que recupera el espíritu de aquella época, a través de torneos, ferias y desfiles con gran parte de la población vestida en usanza medieval.

Por otra parte destacan los numerosos monumentos en estilo renacentista bohemio. Como los que se encuentran en Ulice Pražská, una de las calles que desembocan en la plaza Mayor, la Casa Stark decorada con esgrafiados inspirados en la naturaleza y en la historia, la preciosa Casa Škoch o la aún más espectacular Casa Ctibor en la misma plaza además de la Bechyňská brána  o Puerta de Bechyně.

 Más información: www.taborcz.eu

 

  

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