Paraíso de Bohemia: Torres de piedra y castillos al borde del abismo

A apenas una hora en auto desde Praga, el panorama cambia radicalmente: las torres son de sólida roca y los castillos se levantan al borde de precipicios inquietantes: se trata del Paraíso de Bohemia, un geoparque reconocido por la Unesco como Patrimonio Natural de la Humanidad.

Por: Jess Garbarino

Publicado: Abril 20, 2019

¿Buscas un plan que te lleve por un día a las afueras de Praga y que combine naturaleza e historia? Entonces debes levantarte temprano y poner rumbo al geoparque Paraíso de Bohemia (Český ráj, en checo), ubicado a apenas una hora por carretera desde la capital, cuyo nombre se lo tiene muy merecido.

Allí, unas extrañas formaciones rocosas se levantan espigadas y verticales hacia el cielo, convirtiéndose en un desafío ineludible para los escaladores y los amantes del trekking. Protegido como reserva natural desde 1955, el Paraíso de Bohemia es la primera zona de conservación de Chequia. Además, en ese singular paisaje, que la Unesco decidió reconocer como Patrimonio Natural de la Humanidad, se pueden apreciar (e incluso visitar) algunos castillos, que le dan una interesante variedad al recorrido.

 

Buen calzado, cero expectativas

Jana pasa a buscarme con su van por el hotel a las ocho de la mañana y estoy advertida: debo llevar conmigo zapatos cómodos y ganas de disfrutar de la naturaleza. Por lo demás, evité investigar sobre el lugar que visitaría, para lanzarme sin expectativas y dejar que Jana me sorprendiera. Y lo consiguió rotundamente.

La primera parada es en el castillo de Kost, una contundente fortificación del siglo XIV que se levanta sobre el valle Plakánek, rodeado por estanques artificiales que funcionaban como defensa y por las murallas de piedra típicas de esta región, situación que lo ha hecho inexpugnable a lo largo del tiempo. La fortaleza medieval, cuyo nombre significa “hueso” en checo, se puede visitar por dentro, mientras se escuchan un gran número de leyendas e historias sobre su extenso pasado.

En el camino hacia nuestra próxima parada, Jana me comenta que pasaremos cerca del castillo de caza Humprecht, del siglo XVII, ubicado en la localidad de Sobotka y que tiene una sala de acústica elíptica muy famosa, donde en la actualidad se celebran conciertos.

Luego de andar un poco, nos detenemos en nuestra segunda parada, junto al hotel Pod Šikmou věží para recorrer caminando algunos de los senderos de la reserva natural Prachovské skály. Perfectamente señalizada con un código que usan los ciclistas y caminantes en todo el país, resulta muy sencillo encontrar los puntos destacados. En el caso de los miradores –me explica Jana–, hay que buscar los triángulos que señalan que ahí se termina la senda y hay algo interesante para ver. Y si, las vistas quitan el aliento mucho más que la caminata y los planos inclinados.

En el mirador principal, intento reconocer los nombres de algunas de las formaciones, que resultan impronunciables para el buen hispanoparlante: Madona s Jezulátkem, Prachovská jehla a čapka, Krakonoš, Henrychova věž… En uno de los picos, se ve a un escalador alcanzar su objetivo y uno siente una especie de vértigo ajeno mezclado con admiración. Luego, los senderos nos llevan a los pies de esas formaciones y la perspectiva cambia por completo, pero el asombro sigue intacto.

 

Ruta de castillos y asombro

Volvemos a la van para seguir camino. A lo lejos, vemos la inconfundible silueta del castillo Trosky, que es el emblema de la región y fue construido en el siglo XV, con sus dos torres situadas sobre sendos picos de una colina volcánica (una se llama Baba, “bruja” o “vieja” en checo, y la más alta, Panna, “virgen”). La fortificación es una de las más visitadas del país, pero será para la próxima vez, pues aún no terminamos con los paisajes del Český ráj.

La siguiente parada es en Hruboskalsko, otra impresionante “ciudad de piedra” donde nos esperan más senderos sorprendentes y miradores a los que alguna vez en la vida hay que asomarse, como el mirador de Mariánská o el del castillo Hrubá Skála. Además, allí es posible trepar con bastante facilidad a algunas rocas y asomarse por los huecos que se abren como ventanas al paisaje fascinante.

Al final, nos acercamos al castillo de Hrubá Skála –actualmente convertido en hotel–, para echarle un ojo a sus patios y a las vistas que regala, ubicado como está al borde de un precipicio.

Para terminar, nos ponemos en marcha hacia la última parada. Pero en el camino nos detenemos unos minutos para ver el castillo de Vranov, también colgado de una ladera escarpada, y las ruinas del castillo Frýdštejn, del siglo XIV.

El castillo Sychrov es el broche de oro para un día de sorpresas contundentes. El palacio, aunque cuenta una historia que empieza en el siglo XV, alcanzó su esplendor a partir de 1820, cuando lo compró el conde francés Karel Alain Gabriel Rohan, quien escapaba de la Revolución Francesa. El castillo se puede visitar y Jana me cuenta que en los amplios jardines suele organizar picnics cuando hace sus recorridos por el Paraíso de Bohemia.

Es hora de regresar a Praga, a esos castillos, torres y catedrales que ya conocemos bien.

 

Para hacer el tour

Bohemian Paradise Tour con Jana Šikolová: +420 724 312 536.

www.bohemianparadisetour.com

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